La gentrificación es un proceso urbanístico por el cual un barrio tradicionalmente de rentas bajas comienza a atraer a residentes con mayor poder adquisitivo, lo que provoca cambios tanto positivos como negativos para la comunidad local. Generalmente ocurre en barrios antiguos que, debido a su buena ubicación, resultan atractivos para jóvenes profesionales, turistas o artistas.
Con la llegada de nuevos negocios impulsados por estos grupos, la zona se vuelve “de moda”, atrayendo a más residentes y elevando los precios de la vivienda. Entre las consecuencias positivas se encuentran la rehabilitación de propiedades, la mejora del espacio público y una nueva oferta comercial —cafeterías, galerías, espacios de coworking, etc.
Sin embargo, la gentrificación también puede provocar el desplazamiento de los vecinos originales, que no siempre pueden asumir el aumento del coste de vida. Algunos ejemplos de barrios que han experimentado este fenómeno son El Raval o el Poblenou en Barcelona, y Lavapiés o Malasaña en Madrid.





